La Cruz Roja Costarricense celebró este viernes 140 años al servicio de la población costarricense y en sus oficinas centrales, en Zapote conserva un tesoro, que durante años funcionó en el traslado de pacientes.
Es una de las tantas ambulancias que tuvo la Benemérita institución y que hoy se usa únicamente para exhibiciones y actividades especiales y hay un cruzrojista que desde hace más de 30 años le dedica tiempo y cariño a mantener esta reliquia como un ajito.
La ambulancia, con el número de placa 45 es una Chevrolet del año 1965 y permanece bajo el cuido de don José García, quien entró a trabajar a la institución en 1980 y años después de jubilado, sigue dando servicios como voluntario.
LEA MÁS: Amante de los carros “resucitó” un chuzo que iba a ser usado como chatarra
“Cuando ingresé a la Cruz Roja, este vehículo estaba guardado en la sede de León 13, ya no se usaba y en eso conversé con Miguel Carmona, quien era presidente de la institución para pedir trasladarla de sede y así cuidar que no llevara agua ni sol y desde entonces me encargo de cuidarla.
“Este es uno de los tesoros más grandes que tiene la institución. Tengo que confesar que nunca la conduje para el traslado de pacientes, pero la primera vez que la manejé fue para una actividad en el Museo de los Niños y hasta el expresidente Luis Alberto Monge se montó en ella, pero para una actividad especial”, afirmó.
En todas
Don José contó que esta ambulancia conserva todos sus elementos tal cual y él los encontró, hace 40 y tantos años.
“Es doble tracción, su marcha es manual, adelante podían viajar dos pasajeros y atrás está perfectamente adecuada para el traslado de pacientes, no se le ha hecho cambios de color, tiene botiquines de madera, como los de antes, la grada que se usaba para subir al paciente y sus sirenas originales.
“La tengo bajo techo para que no se dañe por las inclemencias del tiempo, es un carro muy delicado, su carrocería es muy vieja y se limpia constantemente, para que permanezca en buen estado”, afirmó.
LEA MÁS: Un elegante Ford ha pasado de generación en generación
García tiene 72 años y para él su vida es servir a la Cruz Roja.
“Me siento muy orgulloso de servirle a la Cruz Roja, lo más lindo es salvar una vida y darle el cariño y el amor al paciente. Yo me siento muy feliz en la Cruz Roja, hace un tiempo murió mi esposa y quedé solo y acá me siento importante, mis compañeros me apoyan mucho y así le dedico tiempo a ayudar a las personas.
“Por muchos años me dediqué a la atención de las diferentes emergencias y ahora colaboro en la parte administrativa, porque me sobra voluntad para ayudarle a quien lo necesita, para mí trabajar acá es lo más grande”, destacó.