El expresidente Óscar Arias no se quedó callado luego de que se diera a conocer que el gobierno de los Estados Unidos tomó la decisión de quitarle su visa sin ningún tipo de justificación.
El gobierno gringo también levantó la visa de la diputada socialcristiana Vanessa Castro. Ante esto, el Nobel de la Paz convocó a una conferencia de prensa este 1 de abril, para referirse al tema y explicó cómo está el arroz.
“En la mañana recibí un correo de parte del gobierno de los Estados Unidos, en el que se me comunica que me han revocado la visa que tengo en mi pasaporte diplomático”, inició el exmandatario.
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“Fue un comunicado escueto, no se dicen las razones. Uno puede tener sus conjeturas sobre cuál puede ser la razón. Sin embargo, lo único que dice es que con base en la sección 221 I de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, eso es exactamente lo que dice. Es muy breve”, acusó.
“Lo que puedo decir es que para mí ha sido una sorpresa, porque desconozco las razones para que, quien presumo fue el Departamento de Estado, haya tomado esa decisión”.
Represalías
A lo largo de varios minutos, el exmandatario se dedicó a explicar cómo, en la década de los 80, se opuso al gobierno del entonces presidente, Ronald Reagan, para evitar que el involucramiento militar de los Estados Unidos en Nicaragua, se saliera de control.
Esta intervención fue la que lo premió con el Nobel de la Paz en 1987.
“En mi primer gobierno, un pequeño país como Costa Rica, tuvo el valor de enfrentarse por valores, principios e ideales, al gobierno de los Estados Unidos”.
“Con el presidente Reagan, yo tuve que discrepar y nunca sentí el temor de una represalia. Yo no sé si el hecho de que me hayan quitado la visa, es producto de una represalia.
“Yo digo lo que pienso, escribo lo que digo y el mundo entero sabe lo que pienso sobre muchos de estos temas. Si alguien quiere usar una represalía para silenciarme, obviamente, no me van a silenciar, pero sí me pueden hacer el daño para que no pueda viajar”, sentenció.
“No sé cuál fue la razón, pero la acepto como una decisión a la que tiene derecho el gobierno de Washington”, concluyó.
Eso sí, dejó muy claro que no se atreve a asegurar que esta situación tenga algo que ver con sus comentarios recientes sobre el gobierno de los Estados Unidos, ya que sería conjeturas.
Incendiario
Ahora, ¿a qué comentarios se refiere?
Resulta que en los últimos meses, Arias se ha dedicado a lanzar una serie de polémicas declaraciones en torno al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Lo primero que dijo es que durante su paso por la presidencia, entre 1986-1990 y 2006-2010, nunca recibió “órdenes de Washington”, sino que siempre fue independiente.
“Nunca ha sido fácil para un país pequeño discrepar con el Gobierno de los Estados Unidos y, menos aún, cuando su presidente se comporta como un emperador romano, diciéndole al resto del mundo lo que debe hacer. En mis gobiernos, Costa Rica nunca recibió órdenes de Washington, como si fuéramos una república bananera”, afirmó Arias.
Sumado a eso, se quejó de lo estrictos que son los gringos con China y sus empresas.
“Siempre he creído que los Estados Unidos es una nación en búsqueda de un enemigo. Hoy ese enemigo es China. El tener un supuesto enemigo les ha permitido alimentar la industria armamentista y justifica que hoy destinen un billón de dólares (un trillón para los estadounidenses) en armas y soldados”, manifestó.
Además, no le gustó para nada la forma en que el presidente Trump y su vicepresidente, J.D Vance, trataron al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, durante una tensa reunión en la Casa Blanca a medidos de febrero.
Arias tomó sus redes para hablar del tema, donde acusó a los mandatarios estadounidenses de usar palabras “intimidadoras” e “improperios”.
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“Estuvo ausente la diplomacia, la mesura, el respeto y la calma y, en su lugar, privó el lenguaje altanero y humillante del presidente Trump y su vicepresidente J. D. Vance frente a las cámaras de televisión, para que fuera visto por todo el orbe”, afirmó Arias.
El exmandatario también hizo una comparación entre esa reunión y un encuentro que tuvo él con el expresidente estadounidense Ronald Reagan.
“Confieso que nunca fue fácil sentarme a su lado en la Oficina Oval de la Casa Blanca rodeado de varios secretarios de Estado y asesores de la Presidencia. El presidente era un encantador de serpientes: carismático, educado, amable y afectuoso, aunque muy firme en su defensa de la necesidad de continuar dotando de armamento a la Contra nicaragüense, a lo que yo tajantemente me oponía.
“En estas reuniones, se le permitía el acceso a la prensa para tomar fotografías y hacer algunas preguntas. Posteriormente, caminábamos hacia el Jardín de las Rosas para enfrentar el interrogatorio que los medios de comunicación nos dirigían a ambos mandatarios. A pesar de la evidente existencia de nuestras discrepancias, siempre privó el respeto y la cordialidad”.